Ariana Areliz Espejo - Instituto de Investigaciones Sociológicas “Mauricio Lefebvre”
LA MALA PRONUNCIACIÓN
LA MALA PRONUNCIACIÓN[1]
Ariana Areliz Espejo Rodriguez[2]
Me llamo Ariana y nací en Cochabamba, el año 2006. Desde el momento en que nací nos mudamos a la ciudad de La Paz junto a mi familia. A pesar de que del lado de mi familia materna resalta su blancura de piel y sus genes más fuertes, yo nací un poco más morena. Nunca tuve problemas con mi color de piel en el ámbito educativo; al contrario, en el colegio, todos nos acogíamos y hablábamos sin ninguna barrera. En el año 2023, mi papá falleció por el covid-19. Fueron momentos muy difíciles, sobre todo porque ese año iba a salir del colegio. Me sentía devastada, y hasta cierto punto ingresé en una etapa inicial de depresión.
Mi mamá buscó alternativas para que yo esté más ocupada y dejé de atormentarme por lo acontecido. Por ello, gestionó que ingrese a una institución de prestigio que enseñaba un idioma extranjero. A decir verdad, no estaba muy emocionada; pero estaba consciente de que debía enfocarme en otras actividades que me permitieran superar el pasado.
Inicié el primer curso, donde conocí a Arden[3] un profesor muy empeñado en su trabajo. Él era carismático y muy amable con todos los que fuimos sus alumnos. Recuerdo sus clases como divertidas y llenas de risas, incluso los más tímidos salíamos de nuestra zona de confort para poder participar. Conocí a mis compañeros que eran universitarios y sobre todo muy amables. Ese ambiente era reconfortante y pacífico. Estaba segura de que no habría problemas más adelante. Hasta que en una de esas clases se presentó el mismísimo director. Debo admitir que su clase fue divertida, aunque él me haya excluido en la mayoría de las interacciones por el hecho, supongo, de mencionar que vivo en la Zona Gran Poder al lado del mercado popular. No le tomé mucha importancia, hasta que pasó lo peor.
Me enfermé justo en los días en los cuales tenía que iniciar el curso. Por ese motivo, no pude realizar mi inscripción. Al principio no le di importancia y solamente esperaba sanarme y continuar con mis estudios. Como no me había inscrito, cerraron el paralelo al cual debía inscribirme, por falta de estudiantes; aunque tenía la esperanza de que lo vuelvan a habilitar. Después de un bimestre, deseché tales esperanzas y me inscribí a otro paralelo, el de la noche.
En ese momento viví una de mis peores experiencias en la institución, peor que la anterior. Me tocó cursar con una profesora mayor en edad, quien a primera vista parecía amable y cariñosa. Su nombre era Aurora. La primera clase yo estaba nerviosa y, al entrar, vi a mis nuevos compañeros y a la profesora. Al principio, creí que todo estaría bien porque hice amistad con otras compañeras que al igual que yo estaban retomando sus estudios.
Mas en las próximas clases la profesora comenzó a tornarse dura y muy estricta con algunos que recién nos habíamos incorporado; creí que era por nuestra pronunciación o por el uso erróneo de la gramática. Pero al observar con más detalle noté que, al relacionarse con el grupo de los “nuevos”, solo era dura en palabras con una compañera y conmigo. Con ella –mi compañera– solo tenía un aspecto en común: el tono de piel, inclusive la piel de ella era un poco más morena. Así mismo noté que tampoco nos dejaba participar en las clases o leer algún párrafo; estábamos como limitadas en la clase misma. Poco tiempo pasó para que una gota rebase el vaso: en una de sus clases nos llamó la atención con palabras hirientes diciendo que no servíamos para aprender un idioma europeo, que nuestra pronunciación era fatal al igual que nuestra comprensión escrita. Me sentí desanimada, las miradas de mis compañeros se posaron sobre nosotras: algunas eran de empatía, otras eran de burla e incluso casi rompí en llanto; pero retuve mis lágrimas hasta el punto que al culminar la clase no pude aguantar más y, al salir, terminé llorando camino a casa. A causa de ese momento tan incómodo no asistí a la próxima clase ni a la siguiente.
Mi mamá, que se dio cuenta de que dejé de asistir a clases, me preguntó el motivo de mi inasistencia. Yo le respondía que tenía mucha tarea que me habían dado en el colegio: “No podré ir a clases”, era mi respuesta. Me abstuve de no ir por una semana hasta que ante una de las preguntas de mi madre rompí en llanto y le conté lo que había sucedido. Entonces, ella decidió ir a hablar con los encargados de la institución, a pesar de que le rogué que no lo haga.
Creo que hubo más quejas en contra de la profesora Aurora, porque el siguiente curso lo dictó Erios, un profesor que era amable y muy comprensivo. Y después nuevamente me tocó otra maestra, llamada Belora, con la misma mentalidad que la última; pero sus acciones no eran tan amenazantes, era un poco más comprensiva, aunque se notaba demasiado el favoritismo por las personas de tez blanca.
Para finalizar el relato, quisiera añadir las similitudes entre ambos grupos de profesores con los que me tocó cursar distintos módulos. En el primer grupo estaban las maestras Aurora y Belora[4]; ambas viven en zonas residenciales de la zona Sur de la ciudad de La Paz. Mientras que los maestros Arden y Erios, a pesar de vivir en una zona cerca del centro de la ciudad eran más amables y comprensivos con una visión más extensa.
Quiero enlazar esta experiencia con Reinaga[5] y con su concepto de las dos Bolivias. La experiencia que viví en esa institución y las diferentes actitudes de los profesores con quienes cursé materias reflejan las tensiones y desigualdades que Reinaga describe. Para este autor, Bolivia está dividida en dos grandes mundos: uno, que es el de la élite, la clase social privilegiada, y otro, que representa a las clases populares y marginadas. Estas divisiones no solo son económicas, sino también culturales y sociales.
Por lo comentado anteriormente, las maestras Aurora y Belora parecen encarnar esta Bolivia privilegiada. Ambas viven en zonas residenciales exclusivas y usualmente muestran actitudes de superioridad y favoritismo que están basadas en su estatus social y, en algunos casos, en características físicas como el tono de piel.
Aunque la discriminación fue leve o sutil, fue evidente. Mas las palabras hirientes reflejan cómo esta Bolivia mantiene sus privilegios por medio de la marginación y el menosprecio a personas que no cumplan con algunas características consideradas “dignas”. Se trata de un trato diferenciado hacia quienes no cumplen con ciertos estándares o características socialmente identificadas como la pertenencia a un grupo social.
Por otro lado, las figuras de los profesores Arden y Erios representan una Bolivia diferente, aquella que Reinaga también idealiza, la de la comunidad, la solidaridad y la igualdad. Ellos, a pesar de vivir en la misma zona, muestran una actitud más amable, comprensiva y sin prejuicios. La diferencia radica en su enfoque, en cómo ven a las personas no por su apariencia o condición social, sino por su potencial.
Mi experiencia puede entenderse como un ejemplo de esa realidad dividida. La discriminación que viví por tener un tono de piel diferente y las actitudes excluyentes de algunas maestras reflejan cómo las desigualdades sociales y raciales se manifiestan en distintas instituciones. Sin embargo, también pude encontrarme con figuras que me trataron con respeto y empatía, ejemplificando esa otra Bolivia que Reinaga señala.
En conclusión, mi testimonio personal es un reflejo de las tensiones sociales que Reinaga denuncia. Estas estructuras de exclusión son cuestionables y evaden la posibilidad de una educación democrática, particularmente en una institución educativa proveniente de un país “desarrollado” que promueve la inclusión que se orienta hacia la igualdad y la valoración de la diversidad, sin que importe el color de piel, el origen o la clase social. Me gusta la institución, la aprecio y la respeto. Mas creo importante que tomen en cuenta lo que relato aquí, sobre todo por los valores que me ha brindado junto a los que yo he recibido y que procuro seguir manteniendo y fortaleciendo en adelante.
Publicado el 3 de octubre de 2025
[1]Ensayo final de la materia Pensamiento Presociológico, Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, 2025.
[2]Estudiante de segundo semestre de la carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés.
[3] Se utilizan seudónimos para proteger la identidad de los profesores aludidos.
[4] Utilizo otros nombres para proteger la identidad de los profesores.
[5] La revolución india. Partido Indio Boliviano, 1967.