EL SONIDO DE LAS PIEDRAS

EL SONIDO DE LAS PIEDRAS[1]

Anghi Madriaga Flores[2]

 

Era el 23 de noviembre del 2025, en mi querida urbanización El Prado, situada en la zona Bajo Llojeta. Era una noche tranquila, tras haber retornado a mi casa. Ya rodeada de la familia, se escuchaba acercarse una lluvia suave. Esa noche todos nos pusimos a armar el arbolito de Navidad mientras la lluvia caía. Mi pequeña hija era la más entusiasmada, por lo que le puse villancicos para animar mucho más el ambiente. Mi hermano, dos años menor que yo, se puso muy inquieto y decidió salir al patio, comentando que escuchaba ruidos extraños, semejantes a piedras que caían. Después de unos minutos, volvió a entrar a la sala muy agitado y asustado, alertándonos de que las casas de más abajo se habían inundado con el agua del río. Mi padre, mis dos hermanos y yo salimos a ver qué había pasado y encontramos todas las casas inundadas de agua y barro que cubrían hasta el techo de las viviendas. Ese pequeño río embovedado que nos acompañaba día a día junto a nuestros hogares se transformó en un río muy caudaloso que sobrepasó sus límites, que arrastraba con este mucho lodo y que fluía con tanta fuerza como si llevara consigo piedras de gran tamaño. Recuerdo bien esa noche tan oscura que solo nos iluminaba con la luz natural de la luna.

A lo lejos se escuchaban gritos de auxilio de adultos y de niños. Los niños exclamaban con gritos, llanto y desesperación: “¡Necesitamos ayuda!, saquen a mis hermanitos, por favor”3. Sin embargo, la mazamorra no nos dejaba dar ni un paso: el lodo no dejaba que podamos cruzar al otro extremo para poder ayudarlos, ya que las piernas no resistían la fuerza de su paso. Además, el agua estaba con descarga eléctrica. Desde donde estábamos, solo nos quedaba gritar para darles instrucciones, aconsejándoles que suban al techo porque se acercaban más olas de mazamorra, y vimos que estaba a punto de inundarlas y también hacer caer las paredes del segundo piso.

Toda esta situación nos dejaba paralizados, con una sensación de impotencia; esa sensación que te hace sentir la persona más inútil del mundo invadió mi cuerpo, el de mi padre y el de mis hermanos; eso lo notaba por las miradas llenas de dolor, desesperación y empatía que tenía cada uno de ellos. En ese momento, lo único que podíamos hacer era llamar a los bomberos, a la policía y a vecinos cercanos para que pudieran ayudarlos con cuerdas, escaleras o con lo que sea.

Mi urbanización nunca había estado unida por los problemas políticos del directorio, el tema sobre el derecho propietario y las diferentes peleas entre los propietarios de lotes y supuestos loteadores. Sin embargo, al llamado de emergencia, al ver que los bomberos no llegaban y al presenciar tan terrible tragedia, todos los vecinos se unieron y fueron a ayudar a aquellos a quienes una vez despreciaron y diferenciaron.

Mi padre, mis hermanos y yo, con bastante esfuerzo, logramos entrar a la casa de uno de nuestros vecinos más cercanos; ellos eran los que jugaban con la distribución del agua de todo el sector, apagaban la válvula y dejaban al sector sin agua todo un día. Pero las diferencias que se tenían en ese momento desaparecieron y all ver que necesitaban ayuda hicimos todo lo posible para sacarlos del lodo. Estaban atrapados en el barro; entre ellos, había una mujer, una niña, una anciana y un gato. Logramos rescatar a la niña, al gato y a su madre; sin embargo, la adulta mayor estaba muy cansada, no tenía fuerzas y tampoco podía mover los pies. En ese momento, más vecinos lograron entrar al área de riesgo y, con su ayuda, pudimos salvarla.

Las diferencias, miramientos y discrepancias que habían dentro de mi zona eran grandes, como el desprecio y resentimiento entre vecinos, ¿te imaginas que un día tan trágico como este venga a rescatarte esa persona con la que una vez peleaste y le deseaste lo peor? Esto nos demuestra que en el momento en el que llega la tragedia, todos nos unimos en defensa del prójimo, de nuestros vecinos, en defensa de nuestra urbanización y hasta el día de hoy continuamos así, hasta que se haga justicia por esa trágica noche.

No recuerdo con exactitud el tiempo, era una noche muy larga; pero me parecía que los bomberos llegaron horas después de todo lo ocurrido. Gracias a ellos se salvaron más personas. Pero fue demasiado tarde para una pequeña niña, que tristemente falleció sepultada por la mazamorra en la misma casa donde los niños gritaban pidiendo ayuda. En ese momento había tanto sentimiento de tristeza que toda la urbanización se vio envuelta en luto. Meses después mi padre me dijo: “Tal vez si hubiera hecho una pequeña balsa con madera y  hubiera tenido una cuerda atada a mi cintura, yo hubiera podido salvar a esa pequeña niña” (conversación con mi padre, en mi casa, 5 de junio de 2025). Esas palabras salieron con los ojos llenos de tristeza; esta reflexión demuestra que hubo mucha angustia y sufrimiento por parte de él y de los que no pudieron hacer nada en ese momento. Muchas fueron las razones; sin embargo, el dolor y el complejo de culpa se quedaron allí.

Quise conocer la opinión de otros vecinos, quienes también fueron a ayudar aquella noche. En general, todos se sienten muy afligidos. Un vecino relató: “yo me encargaba de guiar a los bomberos, yo les dije que deberían entrar por el cerro, que había personas atrapadas; sin embargo, los bomberos tenían miedo de que el cerro no fuera estable, era demasiado empinado, por lo que vino otro vecino y dijo: ‘Préstenme su cuerda, yo bajaré y los guiaré, yo conozco más estos lugares’” (entrevista, 1 de junio del 2025). Por su parte, la presidenta de la urbanización El Prado relata lo siguiente: “cuando me llamaron y me dijeron que los de la ladera se habían inundado no lo creí, me asusté mucho; pero no entiendo por qué ahora en las noticias dicen que ese sector son loteadores si eso no es verdad; los únicos loteadores son los de la otra urbanización, que también son afectados, pero por culpa de uno pagan todos. Sin embargo, ahora más que nada debíamos de estar unidos por el bien de la urbanización y de los damnificados” (conversación,1 de junio del 2025).

En cuanto a los damnificados, estaban totalmente en shock; un día estaban en su casa con su familia y al siguiente día ya no; su hogar estaba repleto de lodo, hasta el techo. Lo habían perdido todo, no tenían dónde vivir. Una de las víctimas era una abuelita que apenas podía pararse; estaba conmocionada, no asimilaba que la casa de su hija estaba inundada de lodo. Al momento de rescatarla ella se encontraba cubierta de lodo de pies a cabeza, toda la ropa le pesaba, estaba completamente helada, solo lloraba, y decía que apenas pudo salvarse, la fuerza del lodo empujó todos los muebles sobre ella. Al día de hoy, la señora viene a visitar su casa junto a su nieta y su hija, muy agradecida con los vecinos que la rescataron esa noche. Todos los miembros de esa familia se dieron cuenta de que, si bien perdieron su hogar, aún continúan juntos como familia.

Cuando llegaron los funcionarios de la Alcaldía, los bomberos, los policías y los militares, se percataron de que había muchas familias que se habían quedado sin hogar. Por ello, nos apoyaron y, junto a los miembros del directorio de la urbanización El Prado, nos movilizamos para buscar distintos lugares donde alojar a los damnificados, para que puedan descansar, alimentarse y, sobre todo, para que puedan pasar la noche y tener dónde cobijarse. Al día siguiente, todos los damnificados estaban muy tristes y con lágrimas. Con mi familia, decidimos comprar leche y avena para poder darles un desayuno, en especial a aquellos niños que se habían despertado como si estuvieran en un sueño con pesadillas y solo pedían regresar a casa. Estas familias, que esa noche se sentían con gran angustia, tristeza y soledad, al día siguiente pudieron presenciar el gran corazón que tiene la sociedad, la urbanizacion y el país entero, ya que muchos ciudadanos y ciudadanas se solidarizaron con ellos y ellas. De esta manera, se pudo ver a una cuidad unida, solidaria ante una tragedia que si bien nos arrebató una vida, un hogar y  un sueño, nos dejó bondad, unión familiar y vecinal.

 

Publicado el 26 de septiembre de 2025

 

[1] Ensayo final de la materia Lenguaje y Redacción Básica, Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, 2025.

[2] Estudiante de la carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés.
3 Niños, vecinos de la urbanización, que vivían como inquilinos en una de las casas que sufrió más daño producto de la mazamorra.